¿Cómo nos afectan los lácteos?

A pesar de que la leche es un producto animal y hemos hablado de la importancia de disminuir su consumo, el reducir la ingesta de lácteos es un tema tan controvertido y tan contrario a nuestra cultura que quise hacerle su propio apartado.

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Somos el único mamífero que sigue tomando leche tras el destete, y para colmo es leche de otro animal, por lo que nuestro aparato digestivo no puede digerirla por completo. 400px-0_Lupa_Capitolina_(2)Es por ello que una parte importante de la población es intolerante a la lactosa y ningún intestino humano reacciona bien a su principal proteína, la caseína. De hecho aproximadamente el 50% de la población sufre problemas de tolerancia. Veamos por qué:

Intolerancia a la lactosa

bottle-breakfast-clean-248412.jpgLa lactosa, azúcar y único carbohidrato de la leche, está compuesto por dos azúcares simples: glucosa y galactosa, y debe ser degrada por la enzima lactasa.  Después de la lactancia, en casi todos los mamíferos baja la actividad enzimática de la lactasa (en los humanos, entre los 3 y 5 años), hasta cesar su producción en la edad adulta. Cuando esto sucede, empiezan a surgir problemas gastrointestinales ya que cuando ingerimos mucha lactosa que no se puede degradar, ésta pasa directamente sin digerir al intestino grueso produciendo principalmente fermentación; el resultado: hinchazón, dolor abdominal, diarreas acuosas, flatulencia, eructos, nauseas, calambres.

Proteínas alergénicas

La proporción entre caseínas y proteínas séricas (lactoalbúmina, lactoferrina, etc.) en la leche vacuna es inversa que a la de la leche humana. La caseína es una proteína altamente alergénica, es decir, que sus sustancias pueden provocar alergia. Esto ocurre principalmente porque no se degrada completamente y nuestras defensas reaccionan frente a ella.

 

¿Sabías qué?

La leche engorda, ¡Y la descremada, más!

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Por su proporción de aminoácidos y su alto contenido del factor de crecimiento IGF-1, el consumo de leche vacuna induce a una subida de insulina en sangre (la insulina es uno de los factores de crecimiento mencionados anteriormente). La elevación crónica de la insulina puede acarrear un fenómeno llamado resistencia a la insulina que dificulta el aporte energético al músculo y facilita que ganemos tejido adiposo y nos hace propensos a la diabetesEn la leche descremada o “light”, al quitar la grasa aumenta la proporción de azúcar y proteínas por lo que dichos efectos son mayores. En realidad, si consumimos algún producto lácteo, la mantequilla es más aceptable ya que se trata de una grasa saturada más fácil de metabolizar.

¿Sabías que la caseína causa adicción?

¡Por eso es tan difícil dejarlos! Como ya vimos, la caseína es una proteína que los humanos degradamos mal. De la mala descomposición de ésta proteína aparecen metabolitos con nombres como caseimorfina, es decir, literalmente un opiáceo que provoca adicción. Un síntoma claro de los opiáceos es que frenan el movimiento intestinal dificultando la evacuación, sin síntomas aparentes pues el intestino está “dormido”.

Recomendaciones

Para las personas que no sean alérgicos a la caseína ni intolerantes a la lactosa, un consumo esporádico puede ser un “antojo” tolerable como cualquier otro. Las mejores opciones son las leches de cabra y oveja que tienen un contenido menor en lactosa, caseína y factores de crecimiento, seguida de la leche entera de vacas de pastura libre ya que tienen un mejor perfil de nutrientes incluidos ácidos grasos benéficos, vitaminas solubles en grasa particularmente k2.

Los lácteos fermentados como el yogurt y el kefir son aún mejores por su contenido de probioticos.

Los quesos añejos tienen menos lactosa pero más sal y grasa, lo mejor es consumirlos con moderación.  Si sospechas que no toleras la lactosa  y tienes problemas para digerir la caseína, haz una prueba muy simple: elimina por completo todo tipo de lácteos durante 30 días para determinarlo.


Por Dení Rayn Villalba

Si quieres saber más sobre la leche haz click aquí.


Puedes volver a revisar los 5 pasos para mejorar tu salud (y la del planeta) comiendo
Paso 1: Frutas y verduras
Paso 2: Alimentos procesados y empaquetados (no frescos ni enteros)
Paso 3: consumir cereales, harinas y azúcares integrales
Paso 4: Reducir tu consumo de productos animales puede salvar al planeta (y a ti)

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